El diseño no garantiza por sí solo un determinado crecimiento de ventas. Pero sí puede cambiar las condiciones en las que ocurre la compra: qué ve el cliente, cómo se mueve, cuánto descubre y qué tan fácil resulta tomar una decisión.
Un estudio publicado en
Journal of Retailing comparó tiendas remodeladas con establecimientos de control. Aunque el costo de las remodelaciones era equivalente, una de las tiendas obtuvo un aumento de ventas del
12%, mientras que otra registró solo un
1%. El estudio encontró que la magnitud percibida del cambio en el entorno era un factor importante para explicar esta diferencia.
Un caso más reciente muestra hasta qué punto puede ser relevante una transformación bien planteada. Tras el rediseño del
Paddington Flagship Store en Londres, las ventas semanales aumentaron
61%, el tráfico promedio semanal
83% y el valor promedio de compra más de
12,5% frente al mismo periodo del año anterior. El proyecto combinó renovación física, merchandising, experiencias interactivas y plataformas digitales.
Estos resultados no significan que cualquier remodelación vaya a producir el mismo efecto.
Significan algo más importante:
el espacio físico puede convertirse en una herramienta comercial cuando se diseña a partir de cómo las personas realmente utilizan el local.